La herencia recibida.Por: Ángel Luis Jiménez.

TCAM/REDACCION

En su comparecencia de ayer, Mariano Rajoy haciendo balance de su primero año de gobierno no dió ninguna esperanza, más bien se la reclamó a los españoles para él. Su discurso fue de realidades espantosas y ninguna promesa. Afirmó no tener “ninguna intención” de suavizar los objetivos del déficit, porque es ahí donde piensa seguir concentrado todos sus esfuerzos. No aclaró la cuestión capitalisima de cómo vamos a pagar la gigantesca deuda española y sus intereses, sin hundir al país en la ruina. Tal vez, porque la deuda es impagable, porque no lo sabe o porque oculta esa imposibilidad. Tampoco incluyó en su balance del año y previsiones de futuro las medidas que propone para acabar con el desempleo.

Como siempre abstracciones y buenas palabras, pero ninguna salida creíble y congruente. También dió a entender que los españoles sienten escepticismo, desesperación y decepción por las medidas tomadas para evitar “la quiebra de España”. Y se justificó, como siempre, en la herencia recibida. No se da cuenta que cuanto más tiempo pasa, menos creíble resulta apelar a esa herencia. Este país necesita un líder político que transmita esperanza, porque mientras hay vida hay esperanza, dice el refrán. Pero eso con Rajoy no es posible por su pereza política y mental. La mostró ayer con su tono vital y su mirada baja, depresiva, que transmitía poca credibilidad y confianza.

Lo primero que tenía que haber dicho es que sabía que no iba a cumplir su programa electoral cuando se presentó a las elecciones. Así hubiera asumido su responsabilidad. Pero el presidente Rajoy parece decidido a perseverar en su pereza y su aislamiento. Y no asume responsabilidades. Lleva treinta años haciéndolo y no le ha ido mal. El problema es si este país puede aguantar tanto.

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