Algeciras al minuto

  • Diario Digital | jueves, 05 de diciembre de 2019
  • Actualizado 17:02

Las redes de propaganda.Por: Ángel Luis Jiménez

Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pichemos anuncios o enlaces

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Las redes de propaganda.Por: Ángel Luis Jiménez

. Y ese método ya se usa para vendernos políticas e ideologías. Es una clara guerra de propaganda, no a través de las radios de nuestros hogares, sino a través de las redes o de los teléfonos que tenemos en nuestros bolsillos.

El historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de “Sapiens” (una breve historia de la humanidad, escrito con rigor e irreverencia ilustrada), sostiene que la democracia liberal, que hemos conocido, está en crisis porque ya no existe el libre albedrio o la libre potestad de obrar. Nuestras decisiones (incluido el voto) y sentimientos son manipulados o “hackeados” de manera cada vez más personalizada. Y esto no ha hecho más que empezar. 

En estos momentos, la democracia liberal se está enfrentando a una doble crisis tanto económica como social. Pero, lo que más centra la atención es el consabido problema de los regímenes autoritarios que han surgido en EEUU, Rusia o Brasil, porque los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos representan un reto mucho más profundo para el ideal básico liberal: la libertad humana.

Desde hace siglos, el liberalismo ha logrado sobrevivir a numerosos demagogos y autócratas que han intentado estrangular la libertad desde fuera. Pero ha tenido escasa experiencia como la de ahora, con tecnologías capaces de corroer la libertad humana desde dentro a través de las redes o móviles. Ser liberal se ha considerado siempre como opuesto a conservador, pero eso ya no es así, conociendo A Trump, Putin o Bolsonaro. 

En su tiempo Hitler no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades de cada cerebro. Ahora sí es posible. Y lo que no fue posible entonces, ahora lo están haciendo esas mismas fuerzas fascistas -que existen-, extendiendo sus tentáculos con enormes ejércitos desplegados detrás de cuentas falsas para ponernos a unos en contra de otros. Para hacernos desconfiar de los demás, pulsando los botones del miedo, el odio o la codicia que llevamos dentro. 

¿Qué hacer? Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado ser la forma de gobierno más benigna frente a cualquiera otra alternativa, sino también porque es la que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas de este siglo. 

Tal vez conocernos a nosotros mismos, mediante nuestro propio esfuerzo, que es la misma tecnología que utilizan los piratas para “hackearnos”, pueda servir para protegernos. Así como el ordenador tiene un antivirus que le preserva frente al software malicioso, quizá necesitemos un antivirus para nuestro cerebro. Este consejo no es nuevo, por supuesto, desde la Antigüedad, los sabios y los santos no han dejado de decir “conócete a ti mismo”. 

Pero en tiempos de Sócrates, Buda y Confucio, uno no tenía competencia en esta búsqueda. Si uno no se conocía a sí mismo, seguía siendo una caja negra para el resto de la humanidad. Ahora, en cambio, no es así. Mientras ustedes leen estas líneas, los Gobiernos y las empresas están trabajando para piratearles o “hackearles”. Si consiguen conocerles mejor de lo que ustedes se conocen, podrán venderles todo lo que quieran, ya sea un producto o un político.

En pocos meses se van a celebrar elecciones decisivas en España y la Unión Europea, así que tenemos que actuar ya, desde la sociedad civil, sindicatos y partidos democráticos, contribuyendo a crear equipos de especialistas que defiendan nuestra democracia, investigando redes de propaganda y cerrando factorías online de historias falsas. Y es posible. Ya se ha hecho en Brasil por Avaaz, aunque con poco alcance. Nuestros abuelos y abuelas dijeron “¡nunca más!” y ahora nos toca estar a la altura de esa promesa. Si no luchamos nosotros porque prevalezca la verdad, nadie lo hará.