Algeciras al minuto

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 18:17

Miedo a los debates

Ahora los debates de televisión de los candidatos a la presidencia del gobierno de las elecciones generales del próximo 10-N llevan más normas que el manual de un reactor nuclear, y eso solo se explica por el miedo cerval de los propios candidatos al debate.

Miedo de los candidatos a que las palabras fluyan solas, sin control, miedo a no encontrar la réplica adecuada, miedo al ridículo, miedo a la propia lengua, miedo en general, cuando según las encuestas los debates televisivos solo cambian el voto de entre un 1% y un 4% de los electores.

Hoy, lunes 4, con cinco candidatos en pantalla y un porcentaje de indecisos abrumador, la cuenta es más difícil de sacar y hay incluso quien dice que no se puede demostrar -aunque lo digan las encuestas-, que los debates sirvan realmente para algo.

Así que mientras los debates no sean en verdad debates, con su riesgo, su improvisación, sus interrupciones y sus saltos al vacío, seguiremos asistiendo a circunloquio o rodeos sin sentido de los candidatos. Y a la impostura, el engolamiento o el falso victimismo.

Hoy los candidatos usaran de nuevo la táctica de interrumpir continuamente al adversario con pequeñas frases de marketing para romperle el hilo del discurso y que su mensaje no llegue con nitidez al ciudadano. Táctica que cada día soporto menos porque me hace insoportable los debates.

Lo que yo espero como elector es que digan en público lo que dicen en privado sobre todo tipo de asuntos. Y dejen de utilizar esos soniquetes o frases hechas como “no me temblará el pulso”, “impondré mano dura” y similares de autoritarismo de blanco y negro de políticos que se creen en posesión de la verdad absoluta. No los aguanto.

Pero, quizá mañana será tarde, porque hoy ya es tarde para que los políticos –unos con infinitas más responsabilidad que otros- practiquen el noble ejercicio de la política y no lo degraden por un puñado de votos o unos sillones, sin importarle si con su comportamiento están hipotecando la convivencia de varias generaciones de españoles.