Algeciras al minuto

  • Diario Digital | lunes, 25 de octubre de 2021
  • Actualizado 19:00

Palabritas de relleno. Por Begoña Curiel

No es indispensable un mínimo de oratoria ni necesario contenido real para marcarte una presentación o rueda de prensa. Da igual la materia, el caso es convocar y hacerse escuchar.
Begoña Curiel
Begoña Curiel
Palabritas de relleno. Por Begoña Curiel

Esto del micrófono crea adicción entre políticos. Las carencias verbales y de erudición más que evidentes de algunos hace que tiendan a entregarse a repetitivas coletillas, expresiones de salón y frases hechas de medio pelo que no dicen n-a-d-a.
  El mecanismo interno de las convocatorias de prensa vive enrocado en una espiral del que se desconocen sus bambalinas. Daría la cuestión para hablar largo y tendido como –entre otras– el inefable universo de los gabinetes de prensa (algún día me pondré con su miga) pero quiero centrarme en esas palabritas y tontunadas con las que el político, grande y pequeño, pretende iluminarnos para hacernos ver cuán interesante es lo que tiene a bien contarnos aunque le pegue pedradas al diccionario o su noticia esté plagada de naderías y papas varias. 
  Son muchas (a puñaos) las palabritas de relleno pero voy con las clásicas y/o más extendidas que sirven de comodín en los relatos del político.
–La puesta en valor. 
Vale para un roto y un descosido. No es que sea incorrecto decirlo, es que su uso excesivo y aplicación para toooodo, la actuación de mayor relieve o la bagatela más nimia (lo mismo se “pone en valor” la obra en una calle que el anuncio de una licitación que verá la luz en la próxima glaciación) provoca al periodista una somnolencia supina, aún mayor que el morro y la escasa vergüenza que determinados personajes exhiben contando cero patatero. Flaco favor se hace al rico castellano que hasta al más botarate permite extenderse durante minutos que se hacen soporíferos. ¿Qué hacía antes tanto politicucho antes de las puestas? 
–Estamos/seguimos trabajando. 
Qué majetes [email protected] señ[email protected] que nos recuerdan sus callos laborales. Doy fe que los hay que se lo curran. Sí, pero hiere la ligereza de quienes repiten hasta la saciedad que “están trabajando” si pienso (por ejemplo) en el albañil doblando lomo, el camarero y personal de limpieza (por ejemplo) a doce horas soñando con mil euros o el sanitario ante el paciente impaciente y de tanto currito reventado y hartito de no llegar a fin de mes. ¿Que no lo hagan con mala intención? Pues no lo dudo, pero dejen de observarse el ombligo, levanten la boca del micro y miren a los ojos de la gente. 
–Nos felicitamos...
Manda narices. Acercarse a un atril, encantado de conocerte, para pavonearte de TU trabajo. Tenemos también la variante del “reivindicamos el éxito”, en alusión lógicamente al propio. No se hacen una idea del cribado verbal del periodista a la hora de redactar este tipo de noticias (por llamarle algo) obviando la desfachatez de la autocomplacencia política. Señores, a uno LE felicitan, no se pone medallas y encima lo predica. El éxito es tener contento al ciudadano y de paso ser humilde ante el que debe rendir cuentas. 
–Implementar.
Se ha puesto de moda el verbito estos últimos años. Según la RAE, «implementar» es “poner en funcionamiento o aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo”. Apuesto a que cualquiera de ustedes implementa sin descanso. Imagínense que dices al llegar a casa: «buf, me duelen hasta las cejas de tanto implementar hoy». Mal no estaría oiga, que la Real Academia de la Lengua lo da por bueno pero la carcajada familiar atravesaría la pared del vecino. Pero el “político implementador” se queda taaan satisfecho con la palabreja... 
–Estamos más cerca que nunca.
Traducción: no tenemos ni pajolera idea de la fecha del proyecto o plan en cuestión, pero así jugamos con la supuesta inminencia mientras “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Mientras dure el bucle, la cosa marcha. Y de paso “siguen trabajando” y “van implementando de cara a una futura puesta en valor”. Por cierto, no se irriten tanto señores políticos porque el periodista siempre pregunte por plazos y fechas. Cuando el ciudadano escucha un anuncio sobre una temática que le afecta o interesa, ¿saben lo primero que preguntan?. Sí, señores, lo han adivinado: ¿PARA CUÁNDO?  
–Subrayar el impulso.
Subrayar, incidir, recalcar, acentuar, remarcar, enfatizar... Son tantos los infinitivos aplicados a la misma monserga de esos proyectos en los que están trabajando... Eso de revestir su acción con sinónimos está muy visto. La gente quiere datos y detalles. 
–Lealtad institucional.
Oh, esto es buenísimo. Lo que les gusta alardear (presumir, hacer gala, jactarse... que los demás también sabemos de sinónimos. ¿Qué se creían?) de su capacidad para la mesura y el entendimiento con administraciones de otro color político. Porque lo hacen por el bien de los ciudadanos. Sí, no sólo se les olvida a muchos que esa es la esencia de la política, que están ahí por las urnas donde pusimos nuestros votos, sino que alzan la barbilla orgullosos de su magnanimidad. Jo, qué detallazo. Al borde de las lágrimas me encuentro, así que perdonen si no me levanto. 
–El marco incomparable.
Ese lugar... Esa ubicación en la que casi todo está localizado. Donde van, triunfan colocando las cosas en el mejor de los sitios. Hijos míos, ¿podéis trabajaros un poco mejor lo que decís y aparcar el manido marco? Que no dudo que el lugar será magnífico pero se repiten más que el ajo. Échenle más imaginación que nuestro idioma es maravilloso y la rutina en su lengua da un bajón... 
–Este es un día histórico.
Buah, no daría abasto la población para celebrar tantos de estos. Por supuesto que existen hechos dignos de mención, relevantes y a destacar pero todos los santos días no se puede pasar a los anales de la Historia.
–Como no podía ser de otra manera.
Pues mire usted. A veces sí podría serlo. Que la frasecita viene a cuento, me parece estupendo pero el comodín suena en demasiados casos a ese momento en el que te quedas en blanco y lo rellenas mientras el coco te hace llegar una nueva idea. O no, crean. Que a veces también, a juzgar por sus caritas de satisfacción, es lo que querían decir. Ayer, hoy y mañana. 
–Exhibir músculo.
Cuando se ponen metafóricos y literarios los periodistas procuramos no mirarnos tras los micrófonos para no contagiar el hastío. Déjense de exhibiciones y gimnasios verbales y al grano. Que los ciudadanos quieren hechos y no anatomía. 
–Líneas rojas y cordones sanitarios.
Uy, esta es genial cuando sabemos a ciencia cierta que lo dicen pa ná porque se conoce el currículum del parlante en cuestión, que ha puesto estas líneas y cordones mil veces al contrario cual espadachín superdigno de la muerte mientras sus avisos se disipaban por el aire. Hay políticos “advertidores” profesionales que aburren de tanta amenaza de salón porque al final se toman unas cañas con el “advertido” en menos que canta un gallo. Dios los cría y ellos se juntan. Y se separan a ratitos, claro, según les cuadre la película. 
–Mesas/grupos de trabajo y planes de acción. 
¿Qué un tema se encona aunque sean tan leales las instituciones y sus responsables? Nada, nada. Se crea o desarrolla [email protected] y punto. Y lo más importante: ¡se anuncia ante la prensa! ¿Saben cuántas se crean al día? ¿Cuántas siguen funcionando? Pasado el tiempo, ¿dieron los resultados por la que surgió la iniciativa? Qué les gusta una “creación”..., son tan artistas algunos. Habría periodismo para rato haciendo seguimiento de mesas, grupos, planes y blablablá bajo el título genérico de Qué pasó con aunque por educación me reservo otras ocurrencias menos corteses. 

  Podría estar aquí horas y páginas enumerando pamplinas varias. De hecho se podrían acoplar añadidos continuamente porque el político cansino y aún más, el prepotente, no tiene fin con los excesos cuando es especialmente mediocre. E insisto. Que las palabritas de relleno no sean incorrectas, no resta agotamiento y hartazgo a quienes escuchamos para trasladar después su mensaje a la sociedad. Créanme que el periodista hace encaje de bolillos con determinados textos para convertir en “noticia” estos páramos informativos en los que da igual rascar porque no-hay-nada. 
  Ahora es cuando ustedes dicen aquello de: ¿y por qué vais a sus convocatorias? ¿Qué es información y qué no lo es? Eso señores, merece artículos y artículos –aunque se hayan escrito muchos– y sobre todo una buena charla con café por medio para quien de verdad quiera saber en qué consiste el trabajo del periodista, sus diferentes formatos y géneros. 

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