Algeciras al minuto

  • Diario Digital | jueves, 09 de diciembre de 2021
  • Actualizado 02:49

Ya está bien

La interrupción del servicio de trenes desde el Campo de Gibraltar, ocasionada por los destrozos sufridos en las vías a consecuencia de los fuertes temporales del pasado mes de octubre, es un nuevo eslabón de la larga cadena de decepciones en que se ha convertido la historia reciente de nuestra conexión ferroviaria.

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Ya está bien

La interrupción del servicio de trenes desde el Campo de Gibraltar, ocasionada por los destrozos sufridos en las vías a consecuencia de los fuertes temporales del pasado mes de octubre, es un nuevo eslabón de la larga cadena de decepciones en que se ha convertido la historia reciente de nuestra conexión ferroviaria.

Sin fecha para el restablecimiento, la noticia llegó en medio de la perplejidad que nos produjo la legislatura anterior: la intención del gobierno de llevar a cabo las obras del tramo Algeciras-Bobadilla conforme a un proyecto que se aleja sustancialmente del original, y que abarata costes en su ejecución en la misma proporción que limita el despliegue de todo su potencial logístico y comercial.

Justo antes de producirse el desmantelamiento de la vía por las lluvias torrenciales, otro anuncio jalonaba esta secuencia de despropósitos. Los trenes regionales descartados en Extremadura continuarían utilizándose entre Algeciras y Granada. De no haberse paralizado el servicio, desde el 1 de noviembre contaríamos con estos trenes para cubrir los servicios de Media Distancia, a pesar de que su retirada en la vecina Comunidad Autónoma viene precedida de multitud de averías y quejas de los usuarios que precisamente motivaron su descarte.

Este es el estado de la cuestión. El mejor escenario que podríamos tener ante nuestros ojos sería un servicio prestado por trenes de deshecho mientras se acometieran unas obras en el trazado por importe de 350 millones de euros, menos de la tercera parte de lo que costarían las obras realmente necesarias para garantizar que la conexión entre Algeciras y Bobadilla respondiese a las necesidades presentes y futuras de un tramo tan estratégico como postergado.

Estos nuevos reveses no hacen sino acrecentar la necesidad de fortalecer nuestras alianzas en el territorio y reforzar nuestras demandas, que siguen siendo las mismas y que deben colocarse en el centro de la agenda política habida cuenta de lo que hay en juego.

Es de todo punto inadmisible que la comarca, que tiene una parte fundamental de sus posibilidades de recuperación económica y social apostada a una conexión ferroviaria que permita fijar riqueza y generar empleo, esté en estos momentos viendo llegar y salir autobuses donde debería haber trenes, y moviendo las mercancías portuarias exclusivamente en camiones y barcos.

Es inaudito que una vez establecida la comunicación ferroviaria, esta vaya a realizarse con trenes obsoletos. Es totalmente inaceptable que se tenga por bueno un proyecto de bajo coste como premio de consolación a décadas de retraso para cubrir el expediente ante la UE y ante la sociedad campogibraltareña.

No merecemos esta situación ni la vamos a consentir. Los nuevos PGE, que en algún momento verán la luz, deben contener un cronograma cierto, con inversión plurianual seria y factible, que fije como objetivo la ejecución de una obra que es, a día de hoy, la infraestructura de transporte pendiente con mayor tasa de retorno de todo el país y que, por tanto, es una obra de Estado.

La conexión ferroviaria entre Algeciras y Bobadilla, la finalización de la conexión interior hasta Madrid en base a los requerimientos europeos para su red de corredores Básicos, y su puesta en carga en un horizonte temporal ajustado a lo comprometido con las instituciones de la Unión, es un deber y como tal no puede estar al albur de chalaneos ni es susceptible de compensaciones a la baja. 

Es nuestro futuro, el futuro de la creación de empleo, de nuestro Puerto, de nuestro Turismo, de nuestras empresas, y de nuestros jóvenes. Es además la revitalización de la economía de las ocho provincias andaluzas, la oportunidad de materializar la tantas veces explicada diversificación productiva y de aprovechar las oportunidades públicas y privadas que se vinculan a una cadena logística de la que de momento sólo hemos oído hablar. 

Por todo ello mantenemos nuestras exigencias y requerimos de las instituciones que estén a la altura: no damos por bueno un mal menor, no nos resignamos ni saludamos avances únicamente porque se comparen con la parálisis. Ya está bien de “mejor es menos que nada”. Ya está bien.

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