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  • Diario Digital | jueves, 28 de octubre de 2021
  • Actualizado 04:17

Las orcas que han contactado este verano con veleros en Cádiz fueron arponeadas con anterioridad

Un experto asegura que el comportamiento de los cetáceos responde a los ataques que han recibido
orcas estrecho
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Las orcas que han contactado este verano con veleros en Cádiz fueron arponeadas con anterioridad

Las orcas que este verano han contactado con veleros pequeños en el Estrecho -al menos en 69 ocasiones, de las cuales 30 precisaron remolque por perder el timón- han sido objeto de ataques y arponazos, como demuestran fotos y vídeos aportados por un rastreador de orcas con fines educativos y científicos que trabaja para empresas turísticas.

Estos contactos han provocado que la Capitanía Marítima de Cádiz haya prohibido navegar a veleros de hasta quince metros en la Ensenada de Barbate hasta el 7 de septiembre para evitar situaciones de riesgo, ya que los cetáceos parecen haberse especializado en romper el timón de estas embarcaciones, dejándolas a la deriva, con los consiguientes riesgos.

Director desde 2014 del Centro de Interpretación de Cetáceos y Aula del Mar de Tarifa (CICAM), Francisco Gil, patrón de barco, profesor de buceo y operador de cámara submarina, lleva veinte años trabajando como rastreador y ha asegurado a Efe que ése hasta ahora inédito comportamiento de las orcas, animales a los que define como extraordinariamente inteligentes y empáticos, es una respuesta a los ataques que sufrieron el verano pasado y han seguido sufriendo este verano.


Colaborador de varios centros universitarios de Biología Marina, Oceanografía y Ciencias del Mar, Gil ha buceado junto a todas las especies de cetáceos del Estrecho hasta la prohibición de esta actividad en 2007, y ha hecho inmersión con las orcas durante siete años, por lo que conoce a los miembros más destacados del "clan" de estas ballenas que cazan atunes en el Estrecho.

En sus salidas diarias en busca de cetáceos comprobó el año pasado que había orcas con heridas, con cicatrices, y alguna que había sido arponeada con un bichero (tipo de lanza) aún lo llevaba clavado, episodios que ha asegurado que se han repetido este verano.

Además de fotos en superficie, Gil conserva fotos submarinas -hechas con permiso del Ministerio de Transición Ecológica y efectuadas por Rafael Fernández Caballero- de las orcas heridas, y un vídeo de unos cinco minutos de duración grabado por los propios tripulantes de un velero que al verse contactados por los cetáceos les responden empleando el bichero y tratando de repelerlas con otros medios igualmente agresivos -imágenes que han sido publicadas en internet-.

Las orcas, que pueden llegar a pesar hasta cinco toneladas y media, no atacan a los veleros, a los que fácilmente podrían hacer naufragar porque, según Gil, «son muy listas y saben que podemos matarlas».

Por eso los contactos que este verano se han hecho tan frecuentes y que hasta el año pasado prácticamente no se habían dado, los interpreta como «una protesta» de los animales.

Las orcas sólo han contactado con veleros pequeños, que llevan la hélice delante y muy separada del timón, lo que les permite morderlo sin riesgo e inutilizar las embarcaciones -de ahí que las recomendaciones de Salvamento Marítimo, en caso de contacto con orcas, sean dejar el timón quieto y alineado con el casco del barco, detener la embarcación plegando velas y parando la máquina y no asomarse por la borda ni gritar-.

Según Gil, cuando el año pasado se puso fin al confinamiento por el covid-19, numerosos veleros salieron con permiso para efectuar la pesca deportiva del atún y como las orcas, desde los años de la escasez del atún, cuyos bancos ahora están recuperados, aprendieron a disputárselos arrancándoselos del sedal, recibieron estos ataques por parte de los tripulantes de algunos veleros deportivos.

Históricamente, ha insistido Gil, las orcas y los hombres han convivido y hasta han colaborado en la pesca del atún, ya que cada primavera, cuando los bancos de atún llegan al Mediterráneo, las orcas los acorralan y los empujan hacia las tradicionales almadrabas gaditanas que los pescan mediante este arte milenaria.

La orca nada a 50 kilómetros por hora y el atún puede hacerlo a 90, por lo que el cetáceo, para darles caza, se organiza en grupos que los acosan y los cercan.

Francisco Gil ha lamentado que en un periodo de abundancia de atunes se estén produciendo estos hechos y ha considerado que deberían revisarse los cupos de pesca para ampliar los que tienen las almadrabas y otras artes tradicionales de los pescadores de la comarca.

La orca ibérica, catalogada en peligro de extinción, posee en la actualidad en el Estrecho, cinco grupos con un total estimado de unos cincuenta miembros.

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