Diario Digital | 4 de octubre de 2022 18:47

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Yo reportero: La Feria Real de Algeciras y la caseta de Los Cariocos

Yo reportero: La Feria Real de Algeciras y la caseta de Los Cariocos

TCAM-ALGECIRAS/Nurya Ruiz¿Estamos en feria? ¿En la feria Real de Algeciras? ¿Sí?, ah, es que como ahora se vive de día, se come papa rellena andando por el recinto ferial y en vez de bailar sevillanas bailamos…otra cosa,  como en las cabalgatas ya no se oye desde lejos los instrumentos de las bandas de músicas que venían de otros pueblos, ni las mayoré han querido acompañarnos este año, eso sí, amablemente grupos étnicos de otros países con sus bailes folklóricos  cubrieron estas ausencias…pues me había confundido…¡me estaré haciendo mayor pero…! bueno, bueno…sin comentarios.¿Y las casetas de solera como el Casino de Algeciras, dónde la dejamos? ¿Es que la crisis va a arrasar hasta con nuestro pasado? Se quedan solo para el recuerdo de los que ya entramos en los cuarenta ¿no? Pues no me voy a ir…a dónde tenga que ir algún día…sin rendirle un homenaje a la caseta de LOS CARIOCOS, porque se lo curraron en una época donde había muy pocas papas rellenas para echarse a la boca pero sí mucha imaginación que es la que alimenta el alma.Esta caseta que surgió allá por el 69, y que se creó en la barra del bar Castro, cuartel general de unos socios que como su homónimo, el entrañable personaje de las páginas del TBO, eran cordiales, amables, simpáticos, respetuosos y hasta un poco locos. Un grupo de amigos como José Antonio Fernández, Pepe el Sastre, Jorge Ruiz, Rafael el Principito, Pedro Mejías, el Lin, el Palma o Pascual entre otros, que idearon y crearon una inolvidable peña que durante casi dos décadas produjo la admiración de propios y extraños. ¡Ah! Y a Rafael el Principito, se le quedó ese mote, porque como no tenían reina en la caseta decidieron elegir a un príncipe, y le tocó al tal Rafael que se quedó para los restos con el mote y a mucha honra porque se lo había ganado a pulso.El distintivo de Los Cariocos fue: una gran lazada negra al cuello, un partido de fútbol el primer domingo de la feria contra los Camborios, una fachada dibujada por el  pintor alemán, Helmut Siesser, quien donara a nuestra ciudad el mosaico inspirado en la bahía algecireña sito en la Plaza Menéndez Tolosa a la espalda del ambulatorio –  y en sus manos, una llave, la que abría y cerraba la puerta de la caseta y con la que cada socio, al dejar pasar a sus amistades,  se hacía responsable en quid pro quo de ellos por todo el tiempo que estuvieran dentro.No existía directiva, ni cuotas, ni reuniones apuntadas en sus agendas durante el año, como os he comentado se reunían a chatear, sí señores, a tomarse unos chatos en lo de Castro y ahí surgían ideas que comentaban entre ellos y que después llevaban a la práctica con los dineros de sus propios bolsillos y un puñado de buenos amigos que les ayudaban a montar la caseta. Por su puesto todo ello siempre bien regado de buenos vinos de crianza o manzanilla de Tio Pepe, al rebujito ni se le conocía ni intenciones de conocerlo.La barra no se vendía al mejor postor como hoy en día, la llevaban ellos mismos “aunque sus hígados algunas años pensaran lo contrario”. ¿Y qué se comía? Pues con todo el arte del mundo, cada día un socio se encargaba de hacer la comida, hoy paella, mañana carne en salsa, otrora rabo en tomate y eso es lo que había, mejor o peor, sabía a gloria. Cariocos, cariocas, carioquitos y amigos disfrutaban hasta la madrugá donde entre vino y cante flamenco se  enarbolaba con orgullo la bandera de Algeciras.Años más tarde se sumarían a esta peña nuestro admirado ceramista Jose Luis Villar el Barbas, Pepe el Largo, los hermanos García, Luís el Gallego, Quintero,  Marcos el de las ambulancias y así hasta completar la cifra de 33. Algunos de ellos, algecireños de pro, ya no están entre nosotros; otros, se fueron de su Algeciras querida y algunos con canas en sus ojos,  todavía recorren el recinto de la feria con una llave en el bolsillo imaginando que su caseta  los aguarda todavía con las sevillanas de los Romeros de la Puebla, su bambino o su Peret y con el deseo de que algún año, aquellos carioquitos que conocieron la verdadera feria Real de Algeciras gracias a sus padres Los Cariocos, quieran abrir con esa llave el cerrojo del tiempo y vuelva a vivirse la feria como lo que fue:  Real por su señorío y de Algeciras, por lo especial.¡Buenas tardes y buena feria!

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