Algeciras al minuto

  • Diario Digital | miércoles, 28 de julio de 2021
  • Actualizado 15:35

La ciudad de los cuidados

Para lo bueno y para lo malo, las ciudades nos representan. La pandemia nos ha ayudado a identificar algunos problemas urgentes de nuestra ciudad, que debemos solucionar. Más espacios verdes, peatonalizaciones, menos coches, calles bien iluminadas que den sensación de seguridad, plazas con juegos para niños en las que podamos desarrollar vida… En definitiva, una ciudad centrada en las personas.
ángel luis jiménez
ángel luis jiménez
La ciudad de los cuidados

¿No es la ciudad la gran utopía construida una y otra vez por la humanidad con el afán inquebrantable de vivir juntos? Año y medio después de la aparición del primer caso de covid-19, pandemia que ha transformado radicalmente las formas de habitar, tenemos la sensación de que la ciudad está en crisis, o al menos estamos ante una serie de cuestiones inquietantes como son el cambio climático y la gran desigualdad.

No es que la covid-19 nos obligue a corregir la ciudad, es que nos ha ayudado a ver que vivíamos confiadamente en un polvorín sobre el que tenemos que desplegar una mirada crítica y decidida a generar cambios sustanciales. No en vano, la actual Bienal de Venecia se celebra bajo el lema premonitorio de ¿Cómo vamos a vivir juntos? Su comisario, el libanés Hashim Sarkis, lo enunció en 2018, cuando aún no había señales del episodio pandémico.

Muchos amamos la ciudad en las que vivimos porque contienen y representan lo que fuimos y lo que queremos ser. Algeciras es una ciudad que acoge la diversidad planetaria, y en ella se produce una parte sustancial del conocimiento y la cultura de nuestra tierra. Para lo bueno y para lo malo, nos representa. Por muy alejados que vivamos de las grandes ciudades, en las ciudades del Estrecho, también  condicionamos la vida y el devenir de la humanidad.

Dicen los expertos que en 2030 el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Esta voz de alarma supone un reacomodo atropellado de la instalación de la humanidad sobre el planeta con graves consecuencias. En el caso de España, la magnitud del escenario es preocupante: Madrid y Barcelona concentran ya la cuarta parte de la población del territorio nacional. Así que, la descongestión de las grandes urbes españolas se ha convertido en objetivo primordial.

Mientras tanto las ciudades de tamaño medio como Algeciras acumulan barrios periféricos que son el espejo de la desigualdad: Bajadilla, Piñera, Saladillo, etc…  construyendo un mapa que hace demasiado evidentes los privilegios de unos y el recorrido limitado del progreso prometido a otros. La lucha contra esa condición segregada que parece inherente a la ciudad actual es el principal reto que tenemos en nuestra ciudad.

Así que, por encima del proyecto habitual de la construcción y la corrección de edificios, renovar los barrios es el siguiente campo de acción con enorme potencial político, social y doméstico. Las nuevas demandas en materia de regeneración energética, calidad del espacio público, preponderancia del peatón sobre el automóvil y accesibilidad universal precisan de unos proyectos especializados que sugieren que, si bien la ciudad se hace edificio a edificio, quizás se debería actualizar barrio a barrio acometiendo grandes proyectos de recualificación de fragmentos urbanos de cierto tamaño.

Pero la transformación de las ciudades parece en muchos casos estar conducida por las fuerzas de la economía, que no buscan la coherencia y el equilibrio a corto, medio o largo plazo que demanda el proyecto colectivo de la ciudad para todos, sino el éxito inmediato. Esta urgencia en la generación de beneficios ha tenido en ocasiones consecuencias lamentables como la gentrificación salvaje de barrios o la desfiguración injustificada del patrimonio histórico y ambiental, como si no hubiera formas más sensibles, y no menos generadoras de plusvalías, de hacer las cosas.

El afortunado concepto de ciudad de los cuidados se ha desarrollado en los últimos años con un ímpetu tremendo. Este principio de “La ciudad de los cuidados” de Izaskun Chunchilla (como el de “Cuidar la democracia” de Manuela Carmena), está aglutinando profesionales y redes de ciudades que cuenta entre sus socios con Madrid y Barcelona, y que ha consolidado proyectos de impacto internacional como la premiada transformación de Pontevedra con solo 84.000 habitantes, en la que “se vive a pie y se disfruta con todos los sentidos”.

Pontevedra cuenta con un amplio número de premios internacionales por sus buenas prácticas en materia de movilidad sostenible y accesibilidad. Un modelo urbano “centrado en las personas”, que la convierte en una de las urbes europeas más cómodas para vivir. ¿Para cuándo en Algeciras un proyecto como el de Pontevedra? Aprendamos que la implicación de los agentes sociales es determinante para conducir proyectos que muchas veces suscitan opiniones encontradas, más fruto de la falta de información y diálogo que de convicciones bien fundamentadas de los grupos de usuarios deseosos de ser escuchados.

Como consecuencia, las disciplinas que intervengan en el proyecto urbano de ciudad de los cuidados, no solo deben integrar a los tradicionales arquitectos, ingenieros, urbanistas y paisajistas, sino también a todo tipo de expertos en asuntos sociales y economía circular, ecólogos, etcétera, constituyendo un espacio riquísimo, revolucionario y disciplinar con emocionantes consecuencias en la vida de las personas, alimentada por la necesidad de reforzar la sociedad civil como garante de la convivencia y de una vida integrada en la que no sobra nadie.