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  • Diario Digital | sábado, 06 de junio de 2020
  • Actualizado 06:08

El Campo de Gibraltar y Vox

Mientras otros territorios prosperan día a día confundiendo su progreso con el de todo el país, el Campo de Gibraltar forma parte de esa España olvidada y abandonada que debe dejar atrás ya su resignación y levantarse contra la marginación que vive. Ayer fue Teruel, un diputado.
El Campo de Gibraltar y Vox

Y el domingo fue León con 80.000 vecinos en las calles reivindicando sus derechos. ¿Para cuándo el Campo de Gibraltar?

En las elecciones generales del 10 de noviembre del pasado año, en el Campo de Gibraltar el PSOE ganó con 35.104 votos (29,83 %), pero Vox quedó segundo con 30.517 votos (25,93%). Estos datos suponen un importante cambio respecto a los registrados en abril de ese año. Entonces también ganó el PSOE, pero con 5.400 votos más. El segundo partido fue Ciudadanos, con 26.292 apoyos, de los que perdió casi un 60%. Vox quedó en tercer lugar, con 21.788 votos. Cuando Vox nació sus votantes ya estaban aquí y ellos lo sabían: el franquismo residual que votaba al PP.

Andres Rodriguez-Pose, Catedrático de Geografía Económica de la Universidad de Londres, dice que esos resultados de Vox son además la venganza de los lugares olvidados de nuestro país, como el Campo de Gibraltar, porque “hay muchos territorios que reciben cada vez menos inversiones, menos servicios, que crecen mucho menos que la media, pierden empleo y productividad y tienen un futuro incierto porque no se les ha ofrecido ningún tipo de soluciones a sus problemas, solo promesas siempre incumplidas”.

Estos lugares han empezado a oponerse a un sistema que ya no les beneficia, rebelándose y optando por votar a los extremos y, sobre todo a la extrema derecha, a los partidos nacionalpopulistas neofascistas. Con ese voto están diciendo: “si yo no tengo futuro tú tampoco lo vas a tener”. Un voto de castigo, pensando que los de Vox son antisistema, cuando son los más fervientes defensores del sistema y sus privilegios.

En España como en el resto de Europa, este populismo ultra propone una “trinidad” con la que atraen sus votos: un discurso antiélite, un discurso antiinmigrante y un discurso antieuropeo. Los tres vectores generan un pensamiento binario fácil de comprender: la idea del “nosotros frente a ellos”, en lugar de abordar los verdaderos retos que plantea la globalización: las migraciones, la economía, la precarización del empleo, la tecnologización, etc. Es obvio que Vox no busca el debate, sino la visibilidad, la tensión y el discurso del odio.

El problema es que los demócratas estamos dejando temas muy complejos, que requieren un gran nivel de coordinación, en manos de los profetas de Vox que venden soluciones muy simples para todo. Sin embargo, el peligro más grave de este descontento generalizado “con la política y la democracia” es el cóctel perfecto para que líderes de corte mesiánico se aprovechen, lleguen al poder en el Campo de Gibraltar, Andalucía y España para volver de nuevo al pasado, a la desigualdad y los privilegios.

Por eso, debemos abogar por una sociedad igualitaria, plural y democrática, en la que el cosmopolitismo, el pensamiento y la “esperanza” en un futuro mejor, sean valores que imperen en nuestro entorno, porque si lo logramos, desaparecerán los miedos que conducen al racismo, la xenofobia y el odio. Pero la lucha contra ese populismo neofascista debe ser diaria, pues permanentemente debe ser la defensa de la democracia, del bienestar social y de los derechos y libertades. ¡Ojalá todos los que me lean lo entiendan, pues del porvenir de la paz social se trata!