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  • Diario Digital | sábado, 27 de noviembre de 2021
  • Actualizado 19:06

Ética cosmopolita

Se acaba de publicar “Ética cosmopolita”, un libro de Adela Cortina, catedrática de Filosofía y premio Nacional de ensayo 2015, donde argumenta que en estos tiempos de pandemia nos encontramos frente a una catástrofe social y económica que requiere una ética potente.

Ética cosmopolita

La autora propone diseñar una ética desde el sentido de la justicia, desde la indeclinable aspiración a la libertad y desde la compasión, que es el verdadero camino del corazón humano. Porque no sólo la mano visible del Estado y la mano invisible de la economía, sino también, y muy especialmente, la mano intangible de las virtudes cívicas y de las cualidades democráticas nos pueden ayudar a hacer frente a esta situación excepcional.

En estos días de preocupación más que justificada por una pandemia letal se oyen a menudo dos preguntas: ¿saldremos de ésta? y ¿qué habremos aprendido para el futuro? Y sí, saldremos de ésta, aunque muchos quedarán -o quedaremos- por el camino, porque todas las epidemias se han superado mal que bien.

Pero lo que sucederá en el futuro dependerá en muy buena medida de cómo ejerzamos nuestra libertad, si desde un “nosotros” incluyente, o desde una fragmentación de individuos en la que los ideólogos juegan para hacerse con el poder. Es en este punto donde demostraremos que hemos aprendido algo en esta pandemia.

Por primera vez en la historia, el género humano se ve confrontado con retos universales y tiene que responder desde distintas instancias, una de ellas, la ética, porque se ocupa de los fines. Pero tiene que ser una ética cosmopolita y democrática, porque no basta, aunque sean necesarias, solo las normas y costumbres morales de la sociedad.

Posiblemente ni a corto ni a medio plazo sea posible la creación de una estructura global que consolide la ética cosmopolita y democrática que ya ha comenzado a desarrollarse en el género humano. Dice Cortina que ya está en marcha desde hace tiempo, pero confía que las generaciones futuras lo vean y sientan.

Las instituciones son claves y si hay que reformarlas, habrá que hacerlo. También el mundo político y empresarial tiene que tener unas actitudes y valores cívicos para que la democracia funcione. La democracia no funciona solo con leyes. Hacen falta también actitudes y predisposiciones morales porque si no, no funciona. No siempre lo legal es decente.

Algo que, desde luego, no funciona son las disyuntivas que se plantean en la campaña de las elecciones de la Comunidad Madrid, porque no tienen sentido lo de comunismo o libertad. O igualdad o libertad. La vida no se hace de disyuntivas, sino que va de cosas que se hacen entreveradas. A veces tienen más de una cosa o de otra, pero no creo que las disyuntivas sean buenas ni en la vida ni en la política.

También, Cortina, nos dice en este libro que es necesario mejorar lo intangible y señala la importancia de la tolerancia y la distinción entre adversario y enemigo y como en este país la política se ha convertido casa vez más en cuestión de enemigos que de adversarios. ¿Quién tiene más culpa la ciudadanía que premia ese tipo de políticas con el voto o los políticos que la practican?

Entre todos se reparten la culpa. Si los políticos juegan a derrotar a los enemigos y plantean que la política es una lucha por medios morales en lugar de físicos es sencillamente porque les resulta rentable y les da votos. Todos juegan a eso porque luego los votantes no los castigan, así que es culpa de los votantes también.

Cortina concluye su obra apelando a la construcción ética, cosmopolita y democrática, para la que es necesaria la educación de la ciudadanía en estas cuestiones, tanto en las escuelas como en las universidades. También esta educación ética debe darse en las familias, las redes sociales, los amigos y los medios de comunicación. La sociedad educa, sin dudarlo. Es muy difícil admitir unos buenos modelos, si la ejemplaridad es un bien escaso. Que haya gente ejemplar en el arte, la ciencia, la academia… es muy importante. Pero es fundamental en la vida corriente, como ha sucedido en la pandemia con los trabajos esenciales de sanitarios, de repartidores, etcétera. Hace falta que tengamos referentes ejemplares en todos los ámbitos porque hemos visto que eso salva vidas.