Algeciras al minuto

  • Diario Digital | sábado, 24 de julio de 2021
  • Actualizado 07:35

Jóvenes y mayores

Jóvenes, paro y precariedad son palabras que nos hemos acostumbrado a ver juntas. No conozco a nadie entre la veintena y la treintena que no atesore experiencias de inestabilidad y falta de trabajo.

Jóvenes y mayores

Las personas entre los 18 y los 34 años, año arriba, año abajo, tienen objetivamente motivos para sentirse entre los más desafortunados. Aunque es verdad que el resto de generaciones también ha conocido el desempleo: España es un país endémicamente en crisis.

Así que, nadie está libre de esa corrosión del carácter que explicó el sociólogo Richard Sennett. A los que les va bien, ya no se sienten triunfadores, sino afortunados. Esto revela algo positivo en medio del desastre: un atisbo de conciencia de clase.

En efecto esa conciencia existe. El precariado es una realidad, y somos parte de él, pero lo cierto es que no se traduce en acciones, porque los jóvenes están más dispuestos a salir a la calle para protestar por un toque de queda o un confinamiento que para clamar contra la enquistada temporalidad o el desempleo.

La conciencia está, pero los jóvenes miran con recelo a los jubilados que se organizan para pelear por sus pensiones. En ese maquiavélico sorteo de los peores puestos en el escalafón laboral, los jóvenes tienen el número perdedor, el 40% de la tasa de paro de la UE. Por eso, con más razón, deberían movilizarse.

También los jóvenes deberían tender un puente generacional con esos mayores que salen a la calle, unirse a ellos. Así como, empezar a pedir algo diferente: escapar al sueño de la hipoteca, que quizás siempre fue un sueño envenenado.

Imaginar, y luego reclamar, es una necesidad en un mundo donde el trabajo remunerado no justifica una existencia, y donde su ausencia no nos debe derrumbar. Quizás debamos dejar de pensar en esa vida mejor que se nos escapa. Puede que no exista. Quizás tengamos que inventar otra diferente.

Porque los problemas están claros; las soluciones, menos. De entrada, habría que huir de planteamientos que sostengan que una sola reforma puede tener efectos taumatúrgicos. Las soluciones necesariamente habrán de ser múltiples, porque, como siempre, los jóvenes, son los primeros en salir y los últimos en reincorporarse a nuestro mercado laboral. Ellos son su válvula de ajuste.

La UE y el Gobierno han puesto en marcha distintas iniciativas al paro juvenil. Al margen de la reforma educativa aprobada hace unos meses, se perfila ahora un proyecto de ley en materia de formación profesional (que rebaja el desempleo y disminuye las tasas de abandono escolar), y cambios en la manera de evaluar si los alumnos deben o no repetir cursos.

En cuanto a estrategias en el mercado laboral, acaba de lanzarse el Plan de Garantía Juvenil, dotado de unos 5.000 millones de euros para el periodo 2021-2027. Estas iniciativas tienen elementos apreciables, pero será necesario mucho más para resolver un problema enquistado, que deberíamos llevar de lo abstracto a lo concreto y estudiar a fondo medidas vigentes ya implantadas en otros países.

El abanico es enorme, y hay que estudiarlo con mente abierta. Por ejemplo, podría considerarse el establecimiento de un salario mínimo ajustado por niveles de edad que puede tener efectos muy diferentes según el colectivo al que se aplique, como ha señalado un reciente análisis del Banco de España.

En Holanda está escalonado según la edad, y en Alemania se excluyen determinados colectivos, como los que hacen algunos trabajos temporales o aprendices. Por otra parte, es necesario avanzar en un perfilado detalladísimo de las capacitaciones de los desempleados, en paralelo al de las ofertas laborales, que explote al máximo el inmenso caudal de datos del que disponen los servicios públicos de empleo.

También debería avanzarse en las tutorías individualizadas para atajar, de forma quirúrgica, el abandono escolar temprano, que tienen un coste relativamente bajo y podrían implementarse de forma eficaz en poco tiempo.

Así que hay que perseguir mejoras en todo el espectro, inspirándose en otras experiencias, evaluando los resultados, anteponiendo pragmatismo a ideología y sin olvidar que es una prioridad absoluta, no solo por el bien de los jóvenes, sino del conjunto de nuestra sociedad.