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  • Diario Digital | jueves, 23 de septiembre de 2021
  • Actualizado 23:41

La buena oposición

Para septiembre el PP de Casado, secundado por Ayuso y los barones del partido, tiene tejido un ejercicio de fuerza con una línea dura de oposición a la política económica del Gobierno de Pedro Sánchez. Así dan por iniciada la carrera electoral por los votos.
La buena oposición

Porque, al final, parece que solo eso fuera la política. Sin embargo, el PP debería buscar fórmulas más efectivas para enviar señales políticas que no lo debiliten tanto como partido… e hiciera menos daño al País.

España necesita desesperadamente invertir en su futuro. Hay previsto un Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con fondos europeos. Un proyecto de País que traza la hoja de ruta para la modernización de la economía española, la recuperación del crecimiento económico y la creación de activos tangibles como carreteras, ferrocarriles, escuelas y hospitales, sin olvidar a la gente, especialmente a los jóvenes. Y no hay razones económicas de peso para no realizar este Plan. Ni espero que el PP lo entorpezca.

La deuda pública del país de la que tanto habla el PP no es un problema, teniendo en cuenta los bajos tipos de interés existentes, tampoco la inflación, dada la capacidad de la economía para absorber un aumento del gasto público. Podemos construir, y debemos hacerlo. Y el PP no debe ser el problema sino parte de la solución, siempre que no siga poniendo obstáculos en las previsiones de crecimiento, una vez conseguido el porcentaje necesario de población vacunada del COVID.

Pero, qué fácil es hacer oposición cuando uno no se cree corresponsable de las cosas. Tenemos la experiencia de la pandemia. Recuerden que hasta que no se implicó en su gestión a las comunidades autónomas, muchas de ellas gobernadas por el PP, no asumieron las tareas que eran de su competencia dentro del marco establecido en la Constitución. ¡Qué fácil es hacer oposición! Pero, está claro, que cuando uno es corresponsable las cosas cambian.

¿Cuál es la función de la oposición política? Nada nuevo puedo decir que no apunte nuestra Constitución, aunque ni siquiera sea una institución política española, pues sus raíces se encuentran en la Grecia clásica, cuna de la Democracia. La labor de la oposición, además de su imprescindible vocación de gobernar, es la de inspeccionar de cerca al gobierno de turno, controlar sus procesos, ser un contrapeso, una alternativa, una esperanza de continuidad y denunciar a instancias judiciales cuando sea necesario.

La buena oposición no busca entorpecer, poner palos en la rueda ni frenar, sino que busca la transparencia en su labor, proponer alternativas edificantes y aportar la crítica constructiva. Su importancia radica en que, si hay una buena oposición, la garantía de la legalidad está asegurada. Tengamos en cuenta que no son los jueces ni los fiscales, sino la oposición quienes están día a día junto con los equipos de gobierno.

Además, desde el punto de vista de la eficiencia, es mucho más rápida una intervención política y una solución consensuada con la oposición en el seno de una cámara de gobierno que un largo y costoso procedimiento procesal. La buena oposición es una escuela de viabilidad, donde se van conformando ideologías por contraposición y donde se van consolidando programas que posteriormente pueden defenderse cuando se llega al gobierno, pues han madurado al otro lado de la tribuna.

Dice nuestra Constitución que los partidos son instrumentos para la participación política, y es cierto, pero hemos de interpretarlo en toda su extensión. Esto toma cuerpo cuando nos referimos a los partidos políticos como personas jurídicas que forman y manifiestan la voluntad popular, o lo que es lo mismo, el sentir de la calle y no los intereses de los partidos.

Una buena oposición hace que se ganen o pierdan elecciones, pues es su trabajo cuatrienal consistente el que queda en la memoria del electorado y no una efímera euforia de una campaña. En definitiva, si queremos conocer la salud democrática y la predicción de estabilidad de un país, fijémonos en las formaciones políticas en la oposición, pero eso sí de la buena oposición.

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