Algeciras al minuto

  • Diario Digital | sábado, 06 de junio de 2020
  • Actualizado 07:34

Un mes después de celebrarse las elecciones generales que siguieron a una legislatura fallida, continúan siendo inciertas las expectativas de que prospere antes de Navidad la investidura del candidato socialista, Pedro Sánchez, y remota la posibilidad de que cuente con una mayoría suficiente para gobernar.

Mal vamos, si Ciudadanos y PP, que tanto énfasis ponen en oponerse al pacto de PSOE con ERC, niegan toda posibilidad de facilitar el Gobierno de Sánchez, porque permiten elevar las exigencias de los independentistas que se ven imprescindible para la gobernabilidad; o sea, Cs y PP suministran la munición para que se produzca lo que dicen aborrecer, igual que hicieron sus predecesores.

Peor es lo de Ciudadanos que parece no haber aprendido nada de la experiencia anterior. Un auténtico partido de centro favorecería la abstención táctica, aunque no bastara para la investidura, porque proyectaría una imagen ubicándolos donde dicen estar y diferenciándolos del PP, aunque Cs ya no tiene remedio.

Del otro lado la posición de Esquerra, aparentemente más abierta al pacto, está condicionada a su vez por el partido fundamentalista de Puigdemont que reside en Waterloo. Además, reclamar pragmatismo o lealtad para el buen funcionamiento del sistema a determinados partidos es prácticamente inútil porque sus líderes se encuentran atrapados por sus proclamas anteriores.

Por eso, para orientarnos en esta crisis de charlatanería o en esa guerra de trincheras donde solo se habla a los parroquianos con el objetivo de reforzar el vínculo emocional con la tribu, la distinción que mejor funciona es entre los de cuanto peor mejor y quienes buscan arreglar las cosas, aunque puedan equivocarse, porque de eso va la cosa en estas secretas negociaciones.

Mucho peor sería seguir el camino de Israel que ya ha convocado sus terceras elecciones en menos de un año. En nuestro caso no se trata del fundamentalismo religioso israelí, sino del nacional o nacionalista. En ambos casos es política dogmática y, ya se sabe, los dogmas no se negocian. Y los partidos que impiden la solución que reclama el buen funcionamiento del sistema democrático son los más dogmáticos.

Basta la amenaza de excomunión para que quienes se sienten más próximos a ellos se echen a temblar. Olvidan que en democracia no hay dioses que valgan, y nuestra lealtad primaria siempre será para la democracia. Así, que por favor no dilaten más las negociaciones para llegar a un acuerdo con el partido que corresponda, porque los políticos ya nos han dado a los ciudadanos españoles el año entero, no nos den también la Navidad.