Algeciras al minuto

  • Diario Digital | sábado, 06 de junio de 2020
  • Actualizado 05:48

Seguimos en la transitoriedad

Seguimos en la transitoriedad y ya va para dos años. Aquí no ha cambiado nada después de las elecciones del pasado 10-N. La XIV Legislatura comenzó el pasado martes, 3 de diciembre, con la constitución de las Cortes y el acatamiento con distintas fórmulas, de lo más peregrinas, de la Constitución.
Seguimos en la transitoriedad

Además, Vox logró una vicepresidencia del Congreso sin que el PSOE y el PP lo impidieran.

Nunca desde 1977 la elección de un nuevo Gobierno se había presentado tan abierta y en un escenario tan complejo. Tras el 28-A, un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos resultaba la solución más atractiva, dentro de lo posible. Así la denominaban algunos socialistas “un socialismo de lo posible”.

El resto es conocido. Ante el espectro de unas terceras elecciones y dada la intransigencia de Pablo Iglesias, al día siguiente del 10-N Pedro Sánchez da un vuelco a la situación y acepta un gobierno de coalición. Hasta parece una salida lógica, si no fuera por las formas. Y las formas son siempre los fondos.

El problema es que, si miramos el pasado inmediato, nada excluye que Sánchez o Iglesias digan hoy una cosa y luego hagan otra diferente. En política se hace cualquier cosa para encajar la realidad en un determinado marco político o ideológico, sobre todo cuando negocien los grandes temas que tiene pendiente el país desde hace dos legislaturas.

No sabemos cómo se está tratando en dichas negociaciones la política económica, social y laboral del país y la cuestión catalana, pues hay una espesa cortina de humo hasta que no se resuelva la investidura. Espero de la coalición formulas correctoras de la desigualdad y de los problemas asistenciales, sin por ello desoír las exigencias de equilibrio presupuestario. 

Pero, en la cuestión catalana está el nudo gordiano de la coalición, porque no basta con sentar las bases políticas de un entendimiento entre Sánchez e Iglesias, sino que Esquerra Republicana debe abstenerse en la investidura. Y el precio a pagar es muy alto, porque ERC no puede volverse de pronto constitucionalista, cuando en estos días animaba a tumbar “una Constitución heredera del franquismo”.

Así que cómo se va a conseguir garantizar una constitucionalidad que los nacionalistas rechazan, sobre la base de ofertas económicas y normativas. Un nuevo sistema de financiación autonómica supondrá acercarse, dando un rodeo, a la ya posición privilegiada de Cataluña en lo fiscal. Pero no sé si eso será suficiente para la abstención de Esquerra.

En cuanto a la propuesta de Iglesias sobre la “consulta”, que en principio no es referéndum y luego si puede serlo, espero que no sea un truco para distracción del personal, porque el PSOE tiene guardado su proyecto federal, pero no lo hace público porque prefieren un tacticismo de supervivencia mientras siga la transitoriedad.

Vivimos tiempos en que la polarización se ha exacerbado en la mayoría de las democracias del mundo y la división de la sociedad se refleja cada vez que hay elecciones. Ningún partido o agrupación política recibe suficientes votos como para formar un Gobierno (Bélgica tardó 541 días en formarlo). Así que el requisito necesario para que las democracias prosperen será aprender a hacer gobiernos con los enemigos políticos o hasta con gente de la que no se fían. Triste es decirlo, pero no hay otra. Y lo que hay que hacer hazlo pronto.