Algeciras al minuto

  • Diario Digital | sábado, 27 de febrero de 2021
  • Actualizado 19:45

Un siglo en crisis

En apenas veinte años de este siglo hemos recorriendo un catálogo de crisis inimaginables. Primero fueron los atentados terroristas del 11-S y de Atocha en Madrid, después la crisis bancaria de las hipotecas basura y su posterior austericidio.
Un siglo en crisis

Sin olvidar las guerras que no cesan en Irak, Afganistán, Siria, Yemen, Somalia, etc. Y ahora para colmo nos ha llegado el coronavirus, algo que ninguno de nosotros, en nuestra vida, habíamos experimentado. Además, los populismos y nacionalismos envenenan nuestra vida, perdemos libertades individuales y derechos humanos, y también los valores de la cultura europea.

Sin embargo, por una extraña paradoja, en el mismo lapso de tiempo cuando nuestro mundo retrocede, hemos visto a la humanidad elevarse hasta alturas insospechadas en lo que a tecnología y ciencia se refiere, aunque no en la educación moral. Desde el territorio de lo infinitesimal a la inmensidad del universo, la era digital nos ofrece muchas oportunidades que no teníamos antes. O el rápido triunfo de una o varias vacuna contra el covid-19 y otras enfermedades. También la conversión en posibles de muchas cosas cotidianas que solo en las vísperas eran imposibles, como conocer al momento con el móvil lo que ocurre en el otro extremo del mundo, a miles de kilómetros de distancia, en forma de imágenes vivas.

No podemos decir que seamos más felices, pero es del todo seguro que somos más libres y, desgraciadamente, hemos aprendido a no llorar por las cosas perdidas, pero no podemos perder la memoria, aunque a veces estamos condenados al olvido por un instinto interior que ordena a sabiendas y excluye con juicio. Porque solo aquello que quiero conservar en mi memoria debe ser conservado y transmitido a las próximas generaciones y aunque sean pavesas de nuestro pasado reciente, el esfuerzo vale la pena y no habrá sido en vano.

Pero si sois de los que creéis estar a las puertas de un derrumbe civilizatorio, mi consejo es volver a “La montaña mágica” de Thomas Mann, que está escrito hace, más o menos, cien años, después de la I Guerra Mundial y la mal llamada gripe española, la pandemia más grave de la historia reciente, si exceptuamos el coronavirus.  Ese fue un periodo que comenzamos a ver como el reflejo especular de lo que ahora acontece. Además, la buena literatura suele expresar con mayor lucidez y profundidad lo que los filósofos o los teóricos sociales siempre tardan en vislumbrar.

El tema no puede ser más actual, la descripción de la decadencia de una sociedad en clave simbólica. Toda la trama del libro tiene lugar en un hospital suizo para tuberculosos. La mancha húmeda en el pulmón como símbolo de la enfermedad de toda una civilización desorientada. El cambio de códigos al que obliga el internamiento, la proximidad de la muerte y la omnipresente enfermedad que nos obliga a repensarlo todo. No puedo entrar en más detalles, es mejor leerla. Así que me limitaré a hacer una pregunta: ¿Qué podríamos recuperar de esa narración que nos fuera útil para describir lo que ahora nos atenaza? Porque nadie ignora que hoy sentimos esa misma desazón ante la pérdida de vigencia de logros que otrora considerábamos plenamente asentados. Anhelamos acceder a nuevos puntos de orientación, a la recomposición del orden perdido. Pero ante el vértigo de un derrumbe, mi consejo es volver a la “La montaña mágica” de Thomas Mann.