Algeciras al minuto

  • Diario Digital | martes, 22 de junio de 2021
  • Actualizado 19:33

¿Caducan las noticias?

Sí.

Esa es la respuesta sencilla pero a veces... no. La cuestión es tan compleja como la maquinaria que decide cuándo una noticia deja de serlo. La información pasa por tantas manos, cabezas, horas, minutos y circunstancias que es prácticamente imposible –salvo excepciones– que no varíe su esencia original.

¿Caducan las noticias?

Tras el teléfono que suena a diario en las redacciones o a través de comunicados de prensa varias se solicita o se exige (que de todo hay) que publiquemos su noticia. Aparte están, lógicamente, las que surgen de forma espontánea e imprevista. Los baremos que catalogan si realmente lo es darían para miles de artículos, pero este se centra en la noticia que “sigue siéndolo”.

Los hay asiduos o habituales de la prensa, es decir, que cuando levantan el teléfono saben dónde llaman y cómo deben formular su petición. No es lo mismo un periódico, que una radio o una televisión. No se imaginan cuánto y de qué manera condicionan, por su propia esencia, que la noticia aparezca en uno u otro lado, que se difunda o no en varias ocasiones, que se incluya en un programa de reportajes o en un medio puramente informativo.

Lo que a las nueve de la mañana para una radio –por ejemplo con boletines cada hora– era noticia, deja de serlo –en principio– doce horas después porque en un formato tan breve, siguen entrando noticias nuevas cada minuto y hay que sumarlas.

En el caso de un informativo provincial de televisión ocurre lo mismo pero aún de forma más selectiva. ¿Por qué? Porque hay que concentrar tooodo en un mismo espacio.

Si hablamos de prensa escrita –dejamos a un lado la de papel– piensen en lo que “cabe” en el espacio en blanco virtual de internet.

Otra cuestión vital. Los tiempos cronológicos. No es igual un hecho que se está produciendo, por ejemplo un incendio, que la actualización de datos sobre: posibles heridos, daños del edificio afectado, investigación de las causas...

De la evolución de los datos iniciales pueden producirse nuevos capítulos informativos; que se terminen porque no haya nada nuevo (insisto: mientras, no paran de ocurrir cosas) o que “rebrote” la noticia, porque –imaginen– la investigación confirma que el fuego fue provocado. La lista de hechos “inacabados” en el universo informativo es infinita.

No hace falta siquiera que tengan repercusión internacional: una guerra interminable que se olvida aunque siga provocando muertes, los graves flecos de una pandemia –aunque dé la sensación de que “esto ha terminado”–, desastres naturales de los que intenta recuperarse la población afectada... Y por poner un ejemplo muy actual, la crisis en Ceuta. La que llaman migratoria pero no lo es porque en realidad oculta un catarro que sus causantes no quieren curar, aunque jueguen con las víctimas de siempre desde despachos de oro donde no cabe tanto cinismo.   

El Campo de Gibraltar no se iba a librar de las noticias presuntamente caducas o “inacabadas”.

–El Brexit entre el Peñón y la comarca, no lo duden, es un “To be continued”.

–Día sí y día también contamos la retirada del alga asiática de sus playas pero la administración –por si fuera poco el desastre en la superficie– no se ha tomado en serio los destrozos de esta invasión en el fondo marino.

–Cómo no. El hit-parade ferroviario: un tren parado en la vía entre Algeciras y Madrid. ¿Cuántos van? ¿Cuántos nos quedan hasta que sustituyan raíles del año de la polca? Aquí queda culebrón no caduco para rato.

–De hit-parade en hit-parade y “tiro porque me toca”. Restablecido el principio de autoridad –dicen los responsables policiales– tras los disturbios en La Línea por la muerte de dos personas presuntamente relacionadas con el narcotráfico, ¿ha caducado la noticia? De nuevo, sí y no. Sí, porque la presión policial contuvo los altercados. No, porque queda lo gordo: resolver –dicho mil veces y mil veces lo repetiré– el problema económico y social de fondo que origina estas algaradas.

Por supuesto importan los contenidos. Cómo no. No hay comparación entre el corte de luz en un barrio y la aparición de un cadáver. La primera caduca con facilidad. La segunda requiere de un rastreo de datos.

Por estos y otros motivos las informaciones se volatilizan en un chasquido de dedos o prometen más episodios. Además, hay que tener en cuenta todo lo que queda en el tintero, aparte de las noticias que ustedes oyen, leen y ven. Porque no hay horas suficientes para contar Tanto.

UNO DE MIS SUEÑOS

Detecto por parte de mucha gente no sólo desconocimiento de esta rueda laboral imparable (algo lógico por otra parte. No se puede saber de todo aunque algunos crean que sí) sino cierta incomprensión al oficio que deriva en sistemáticos reproches al periodista. Por supuesto, al primero que se pilla por medio, es al que está a pie de calle.

Me he quedado afónica a lo largo de los años, y van casi tres décadas trabajando en informativos, intentando explicar –a quien ha querido escuchar, claro– por qué hay noticias que “no entran”, por qué otras se desvanecen en horas, por qué unas se convierten en grandes titulares y otras no. Pero la buena voluntad de nada sirve con quien no acepta determinadas realidades.

Reconozco que los años pesan en lo laboral. Procuro no obcecarme en esta tarea a veces ingrata –la de exponer los «por qués»– aunque puedan resultar injustos– y desde luego, a lo que ya he renunciado es a mantener conversaciones donde la educación brilla por su ausencia. A quien pregunta, sí. A quien exige, no. Suelen coincidir los del segundo grupo con los que dicen saber todo y de todo. Y de este oficio, aún más. A estas alturas ya no hablo con sordos.

¿La solución? Despedirme con sutileza y lo antes posible de energúmenos. Y mientras, seguir con mi trabajo y ese sueño que les avanzaba en la medida de mis posibilidades. Aunque tengo la fortuna de currar en lo que me gusta nunca renuncio a las utopías. Me encanta el pulso diario de la información y sin embargo pienso en el “día después” de determinadas noticias y sus protagonistas. Sueño con saber (y contar) qué pasó con algunas historias “que caducaron” tras su paso fugaz en escaletas. Sueño con tiempo para entregarme a maravillosos anónimos que pasan desapercibidos. Sueño con poner rostro e historia a los que sólo pude dedicar unos segundos.

En definitiva, llegar en lo posible hasta el final de lo que, en mi modesta opinión, merece la pena. Haya o no caducado como Información.