Algeciras al minuto

  • Diario Digital | jueves, 23 de septiembre de 2021
  • Actualizado 23:14

Un drago con segunda residencia

Pasa de los 150 pero está hecho un chaval. Desde hace 6 años el drago de La Línea vive en el parque Princesa Sofía tras una mudanza de lo más sonada. Una grúa izó sus 42 toneladas antes de comenzar un auténtico viacrucis remolcado por el callejero mientras lo perseguían los móviles grabando su espectacular traslado desde Villa San Juan, en el número 59 de la calle Jardines, hasta su segunda casa.
Un drago con segunda residencia

Hubo que cortar calles, desmontar farolas y retirar cableado de telefonía y electricidad para hacerle pasillo. Pero este sólo fue el capítulo más llamativo de una pequeña gran historia llena de magia.

Fue una aventura que va más allá de salvar a un árbol centenario. Revela y simboliza la necesidad –al menos, la mía– de mantener la infraestructura de salud pública que suponen y el respeto que la naturaleza requiere frente al peor enemigo: animales de dos patas jugando a controlar y arrancar lo que molesta como si estuvieran tocados por la vara de los dioses. Se olvida la mirada urbana de las lecciones sabias que da la naturaleza –y lo que nos queda– buscando el sitio que le hemos robado.

drago

Ni tan siquiera estuvo en el pensamiento de las familias Amado y Arana deshacerse del ejemplar. Al adquirir la finca donde nació el drago pusieron bolsillo y pasión en recolocarlo con todas las garantías posibles. Tuvieron que vérselas en su momento con una de esas batallitas inútiles en redes sociales que les acusaba de intentar acabar con el árbol para construir viviendas en la finca. Ya saben que hablar y acusar sin informarse es deporte nacional en este país.

  «Fue muy sacrificado, sufrimos mucho desgaste porque la gente creía por desconocimiento que lo íbamos a quitar sin más. Decían en redes sociales que lo íbamos a matar. Hasta tuvimos que dar una rueda de prensa para explicar a los vecinos lo que queríamos hacer», recuerda Diego Amado, que por cierto es ingeniero técnico agrícola. Vamos, que sabe un poquito más de estas cuestiones y que junto a Ignacio Arana movió cielo y tierra para encontrar residencia al drago.

  Begoña, hija de Ignacio Arana, que también vive en la villa afirma que sufrieron aquella experiencia «de forma extraña». «La gente se vuelca con lo negativo sin saber lo que va a ocurrir. Las redes se nos echaron encima pero afortunadamente aquello se redujo, se calmó la rebelión porque en realidad no tenía mucho sentido», me comenta.

  El presupuesto para mover e reubicar el drago fue de 75.000 euros.

Contactaron con la empresa especializada Doctor Árbol que cuenta con un sistema patentado de transplante de grandes ejemplares «con unas expectativas cercanas al 100%. Con este sistema estamos trabajando en toda España y en otros países europeos», señala su página web donde –no se lo pierdan:https://doctorarbol.com/es/video-trasplante-del-drago/– pueden ver en dos minutos y veinte segundos el resumen del peculiar trasvase que duró toda una jornada.

  Pasaron 5 años hasta que empezaron a retirar los anclajes de sujección tras un exhaustivo seguimiento. Además del riesgo que implicaba cambir su asentamiento se las tuvo que ver después ya en el parque con la amenaza de una plaga de picudo negro que pululaba por la zona de levante.

  De todo estuvieron pendientes los Amado y los  Arana. No sólo preservaron esta joya botánica sino que donaron de manera oficial el drago a la ciudad de La Línea, con la que comparte años puesto que la semilla empezó a brotar con su segregación del municipio de San Roque. La historia de este árbol me encandiló en su momento y al principio desconocía los detalles que merecerían un cuento o quién sabe si algo más.

  «Estaba justo donde ahora tengo el salón de mi casa –recuerda Begoña–. Yo viví siempre al lado de la finca, pared con pared. Lo veía desde la ventana de mi habitación, cuando no se sabía siquiera que era centenario. Nuestra familia ha vivido todo esto de una forma mágica, con ese traslado tan llamativo, después de tanto esfuerzo, de mi padre y mi madre también, además de mi marido y de Diego, que ha estado el primero en esta lucha porque se mantenga de forma digna en el pueblo». Cada uno de junio rememora la jornada del traslado y suele visitarlo al parque con sus hijas, porque «el drago forma parte de la historia de la familia».

  Y esa es sólo la actual porque las ramas del anciano cargan un interesante pasado, nacido en la cuna de los Scullard, una familia inglesa adinerada que vivía entre Londres y Nueva York y pasaba el verano en La Línea. «Imagínate –cuenta Begoña– cómo era la casa. Cuando compramos la finca y la vi me quedé impresionada por la gran dimensión, el diseño, el mobiliario, los pianos, los espejos...».

  Uno de los tíos de la familia de la propietaria residió allí hasta su fallecimiento. «Tendría yo unos 18 años. Él estaba solo. Alguien le cuidaba pero no se veía a nadie. Salía con su carrito a hacer la compra a diario al mercado». Estos detalles azuzan mis fantasías inventando misterios que igual ni existieron, pero gusta la mente de exprimir esos derroteros cuando faltan datos que superan el siglo...

  Dice Begoña que el año pasado visitó el drago milenario de Icod de los Vinos, en Tenerife, que tiene el título de Monumento Nacional desde 1917 y sin embargo «no tiene nada que ver con este, es mucho más bonito. No sé si es el encanto que yo le veo añadido por lo que significa».

  Más o menos hermoso me da igual. Me he parado algunas veces a observarlo, embelesada por los ecos de su historia, pensando qué habrá visto su sombra, condenado al silencio de los árboles que sin embargo tanto cuentan; este, orgulloso en su segunda residencia que ahora adornarán con una pasarela circular de madera acompañado de unos bancos desde el que contemplarlo a placer. Me vendrán de perlas ante este guapo luchador por si de paso, le da por susurrarme algún secreto de su larga existencia.

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Gracias a los Arana y los Amado por este regalo. 

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