Algeciras al minuto

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 00:23

Jetas rescatados

Ya llevan unos días en sus casitas los “rescatados” de Marruecos cuando el país norteafricano suspendió sus vuelos con España y Francia el 31 de marzo para frenar los contagios de coronavirus. Cuánto estarán disfrutando con las fotos de sus hollidays en pandemia. Enternecedor.
Jetas rescatados

Las cifras oficiales hablaban de cuatro mil personas repatriadas en grupos a bordo de barcos hasta Algeciras y en avión a Madrid. Cuatro mil. Se dice pronto. Eso sí, aclaro antes de continuar: mi cabreo –que aún sigue, porque la desazón persiste aunque las noticias caduquen demasiado pronto– no es para quien se desplazó por motivos personales de fuerza mayor. Fuerza mayor, insisto.

Los destinatarios de estas letras son los que tuvieron las Santas Narices de hacerse la escapadita pese a un virus que se ríe de fronteras y elige a su antojo cuerpos y UCIs donde hacer de las suyas. No son los primeros ni serán los últimos en pasarse por el forro todo esto de la responsabilidad y las restricciones. Puf, menudo rollo patatero de normas y prudencia, ¿verdad? Los pobres estarían estresados y necesitaban darse un garbeíto más que usted y que yo. Seguro.

Y además, ¿quién se lo prohíbe? Pues, he ahí la cuestión, que lo legal no siempre se corresponde con la ética. Pero en esta olla pandémica donde todos hervimos, destaca un pelín más la poca vergüenza de los listos. Hablar de irresponsabilidad, catadura moral e insolidaridad suena a pedantería para este ganado de jetas. Total, además de no estar prohibido, ¿quién se iba a enterar? Pues esta vez nos hemos enterado los pedantes.

Si hasta hemos visto sus caritas carrito y maleta en mano saliendo cual balas por la estación marítima del puerto de Algeciras. Qué ganas tenían de llegar a su dulce hogar –ese que habría que perimetrar– y encima..., para colmo de sus males, esos periodistas a la puerta micrófono en ristre con la manía de preguntar. ¿Cómo se creerán que llegan las noticias a sus casas? ¿Por generación espontánea?

Si supieran de cuánta educación tuvieron que tirar los informadores para no espetarles en la cara: ¿cómo tienen el morrazo de irse de vacaciones con este tsunami sanitario? ¿Se creen inmortales? ¿También a sus familiares?

Los periodistas debemos ser objetivos pero en estos tiempos raros, con tanto caradura por metro cuadrado, cuesta abstraerse del contexto, dejar a un lado quién eres, manejar la ansiedad porque no están vacunados tus padres, mantener la compostura si viene el recuerdo de dramas personales cercanos. Vamos, como todo el mundo (Por desgracia parte de la sociedad mira a la soldadesca del oficio de la misma forma que al periodista superstar de rutilantes platós).

El Covid-19 es una lotería colectiva invisible. Lo que haga usted o lo que haga yo, reparte boletos con movimientos de boomerang. Se podrá viajar en Semana Santa o cuando le dé la gana donde no se lo prohíban, pero no hablo de restricciones establecidas por los gestores políticos (ese es otro dolor de cabeza hecha migraña permanente). No.

Miro y disparo directo a los ojos a los especímenes sin conciencia. A la desfachatez de esos turistas que se quejaban para más inri del hacinamiento en el barco que los trajo a Algeciras. No pareció molestarles estar pegaditos en el avión con destino a Marruecos. Pero sí rascarse el bolsillo por el alojamiento de días extras esperando al otro lado del Estrecho. No, si quieren ponemos escote el resto también; los que tenemos cara de idiotas (que así deben vernos a los pedantes responsables) aburridos. Mira que no animarnos a viajar en Semana Santa o festivos varios... Náuseas da imaginar a los “rescatados” poniendo el grito en el cielo en las embajadas y consulados españoles donde buscaron ayuda para el rescate.

¿Qué se apuestan que alguno de estos cenutrios es de los que se irrita con noticias de fiestecitas mogollónicas sin mascarilla? Qué capacidad la del ser humano para ver locuras que siempre hacen otros, sin pararse en el espejo de casa para no mirar sus Santas Narices.

No aspiro a que reflexionen o encuentren moralejas, que esto de cuento tiene poco. Sólo espero que no estén contribuyendo a poner más rostros a fallecidos en hogares que podrían ser los suyos o los que dejaron atrás en su escapadita de ocio.

A estos “rescatados” les hubiera regalado un viaje de vuelta en patera por el Estrecho. Sin consulados, ni maletitas de ruedas con souvenirs. Y a ser posible, con un buen levantazo y sin opción a manzanilla al tocar tierra. Que les dure bien el revoltijo de tripas; que arcadas ya dieron suficientes. Como las que tenemos y tendremos, sean estos u otros los jetas que no descansan en pandemia.

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