Algeciras al minuto

  • Diario Digital | martes, 24 de noviembre de 2020
  • Actualizado 01:30

Cartas al director. El Albergue (y II)

Por Antonio Benítez

Decía yo que nuestro alcalde guardó silencio y miró hacia otro lado mientras sus camaradas de partido, y sus socios, se negaban en el Parlamento a urgir al Gobierno de nuestra Comunidad a “construir y/o habilitar un albergue público destinado a personas sin hogar en el municipio de Algeciras”.

Cartas al director. El Albergue (y II)

Decía también que siguió a lo suyo, asumiendo como propias competencias que no le corresponden y empleando para otros propósitos los recursos obtenidos de la Unión Europea con destino a la revitalización del Barrio de la Caridad (recursos que, no me cansaré de repetirlo, se están empleando para cualquier cosa menos para los fines comprometidos: no sé qué pensarán las autoridades europeas cuando conozcan que, con dinero de los fondos FEDER, en Algeciras se reparten mascarillas anti-Covip entre los compradores del mercado, como si fueran octavillas o caramelos).

En febrero del año en curso el Ayuntamiento sacó a licitación pública “la ejecución y gestión del proyecto de centro de puertas abiertas en el barrio de La Caridad, redactado por la delegación de Igualdad y Bienestar Social, […] un espacio de tipo asistencia y de baja exigencia dirigido a un colectivo de personas que viven en la calle, con un presupuesto de 413.000 euros (IVA incluido),” financiado – como casi todo – con fondos europeos. Un proyecto que ya no era el “gran proyecto en el entorno de la Plaza de Abastos”, anunciado por el alcalde en Noviembre de 2019.

En junio, la mesa de contratación municipal adjudicó el concurso a la oferta más barata, y a comienzos de este mes, contra la opinión generalizada de los vecinos de la Villavieja (que no aceptan en modo alguno que su barrio sea parte del Barrio de la Caridad), han comenzado las obras de adaptación del local propuesto por el concesionario para la instalación del centro licitado por el ayuntamiento, situado en la calle Doctor Fleming.

Poniéndose por montera el Decreto 87/1996 de la Junta de Andalucía – por el que se regula la autorización, registro, acreditación e inspección de los Servicios Sociales en nuestra Comunidad – el Ayuntamiento de la ciudad ha ignorado los deberes que el Decreto impone “a los Servicios y Centros de Servicios Sociales, tanto públicos, de titularidad de las distintas Administraciones Públicas, como privados”, cuya creación  o construcción “están sujetos a autorización administrativa” (Artº 5.1 del Decreto) que otorgan o deniegan “los Centros Directivos y Organismos Autónomos de la Consejería de Trabajo y Asuntos Sociales” (Artº 7 del Decreto).

En particular, los actos de creación o construcción están sometidos “al régimen de autorización previa” (Artº 9), cuyo objeto es “comprobar la adecuación del proyecto a las condiciones mínimas materiales según las necesidades sociales que pretende satisfacer” (Artº 10.1) y que obliga a presentar la correspondiente solicitud, acompañada de “a) Documento acreditativo de la personalidad del solicitante, […]; b)  Memoria explicativa de la actividad a desarrollar, que contendrá, como mínimo: los objetivos, metodología, programa de Intervención, perfil de la población a atender y capacidad asistencial; c)            Documento acreditativo de la propiedad o del derecho de utilización del inmueble afectado; d) Proyecto básico […] debidamente visado, cuando se trate de obras de nueva planta o reforma; y […] e) Proyecto de equipamiento.(Artº 10.2).

Haciendo uso, como acostumbra, de la “competencia impropia” que se atribuye sin consideración a las leyes, tengo constancia de que a día de hoy – cuando ya están en marcha las obras de reforma del local – el Ayuntamiento que preside el señor Landaluce no ha presentado ante la administración competente ninguno de los documentos que el decreto exige.

En consecuencia, en un asunto de tanta trascendencia social solo cabe cumplir con los compromisos adquiridos: con Europa, dedicando los fondos recibidos al fin para el que fueron concedidos, que no es otro que el de la revitalización del verdadero Barrio de la Caridad; y con los marginados, sean del barrio que sean, de manera que encuentren la ayuda necesaria para recuperar la dignidad y el hogar perdidos, en unas instalaciones cuya idoneidad garanticen las leyes actualmente vigentes.

Cualquier otra actuación sólo merece la reprobación de los ciudadanos y la intervención de la justicia.